No se empieza eligiendo un tratamiento. Se empieza por una consulta donde se mira qué hay, qué cambió y qué corresponde hacer, si es que corresponde hacer algo.
Esta página es el recorrido completo: qué pasa desde que pedís el turno hasta que el plan está andando.
La primera consulta dura entre treinta y cincuenta minutos. Se conversa antes de mirar, y se mira antes de indicar.
Antecedentes, cirugías, medicación, tratamientos previos y cómo respondió tu piel a cada uno.
Calidad, textura, hidratación, manchas, vasos, cicatrices. En reposo y en movimiento.
Cómo se relacionan los tercios del rostro y cómo cambió esa relación con el tiempo.
Sol, sueño, cuidado diario, cambios recientes de peso. Buena parte de lo que se ve viene de acá.
Qué te llamó la atención, desde cuándo, y qué esperabas encontrar cuando pediste el turno.
Hayas empezado algo o no, salís con información que antes no tenías.
Qué está pasando en tu piel y en tu rostro, dicho sin tecnicismos y sin dramatizar.
Qué conviene primero, qué después y qué puede esperar sin que se pierda nada.
O un protocolo definido, o la indicación de volver a mirar en unos meses.
Lo que hacés todos los días sostiene o desarma cualquier tratamiento. Eso también se conversa.
Puede pasar que lo que traés no necesite tratamiento todavía. En ese caso no se indica nada: se define qué mirar y cuándo volver a evaluarlo.
También puede pasar que lo que corresponde no sea lo que viniste a pedir, y que la mejor decisión sea empezar por otro lado, o esperar unos meses.
En los dos casos la consulta sirvió. Salís sabiendo qué te pasa, qué no te hace falta y en qué momento tiene sentido volver.
De la evaluación sale un protocolo sostenido o uno puntual. Esto es lo que define cuál.
Es lo primero. Define qué corresponde, y muchas veces descarta lo que se vino a pedir.
Si hay una fecha concreta, la indicación se ordena distinto que si el objetivo es sostener.
Un plan que no se puede mantener no es un buen plan. Se indica lo que entra en tu vida real.
Cómo respondiste antes cambia la dosis, el intervalo y a veces la indicación entera.
Cada control vuelve sobre lo indicado. De ahí salen tres decisiones posibles, y ninguna es automática.
Lo indicado está funcionando y el esquema sigue igual hasta el próximo control.
La respuesta permite estirar los intervalos. Menos sesiones, mismo resultado sostenido.
Ya no hace falta, o conviene parar y volver a mirar más adelante. Suspender también es una indicación.
Eso es lo que convierte una sucesión de sesiones en un plan.
Pedís el turno, se evalúa y recién ahí se define si corresponde indicar algo.
¿Tenés una consulta? Escribime por WhatsApp.
Enviar mensaje