El detalle que molesta casi nunca es el que ordena el rostro. Por eso el diagnóstico empieza por el conjunto.
Empiezo por la armonía del rostro en su conjunto y después voy al detalle. No es una preferencia de estilo: es lo que evita decisiones aisladas.
Qué pasa cuando se empieza por la zona
Una indicación decidida sobre una zona sola resuelve esa zona y deja el resto donde estaba. A veces alcanza. Muchas veces, lo que se veía ahí tenía que ver con algo que pasa en otra parte, y tratar la zona no cambia eso.
Primero el conjunto. Después el detalle.
Qué habilita mirar el conjunto
Empezar por la proporción ordena tres cosas: qué corresponde tratar, en qué orden y qué conviene dejar como está. Es la diferencia entre un plan y una lista de zonas.
El resultado natural
Un resultado se lee como natural cuando las partes siguen guardando relación entre sí. Por eso el conjunto va primero: es lo que se cuida cuando después se trabaja el detalle.
Cómo se ordena la evaluación completa está en cómo trabajo.